Este habría sido el comienzo de esta historia en otra época, en un tiempo oscuro en el que tenía como base de mi vida cualquier teoría conspiranoica. Hoy mi visión ha cambiado, pero creo que es importante escuchar primero su versión para comprender la mía. Dejaremos por unos días, que sea ella quien nos lo cuente...
Todo comenzó en el verano del año 2000, bueno… siendo honestos,
seguramente comenzó varios eones antes. Esta historia fue un secreto durante
años, quizás durante demasiados años, quizás aún lo sigue siendo para alguien.
Las casualidades, o las estrategias, de la vida hicieron que
coincidiéramos en ese lugar y en ese instante y que algo despertara dentro de
nosotros. Fue algo indefinido, algo sin importancia pero que nos atrapó. Ahora
sé que no nos atrapó ese instante, sino que ya estábamos atrapados desde hacía
mucho tiempo; la diferencia es que sólo en ese instante nos dimos cuenta de que lo
estábamos.
Estuvimos dormidos durante años, al principio con algún recuerdo aislado suyo por mi parte pero que enseguida se diluían y volvía a caer en el olvido con facilidad.
Al parecer, según él me contó años después, yo estuve presente en su vida mucho más activamente que lo que cualquiera pudiera pensar. Incluso me llegó a confesar que se acordó de mí todos los días de su vida desde que me encontró por primera vez hasta que por fin nos reencontramos. Una canción, una niña, una estrella, Madrid… había mil señales apuntando hacia mí por todas partes; le estaban bombardeando con mi existencia. En cambio, para mí no hubo casi ninguna señal. Sólo recordaba aquel instante como una de las muchas tonterías a las que le di importancia en ese perturbado momento de mi vida y de mi mente pero que seguramente nunca la tuvo.
De vez en cuando, durante mis años dormidos, tenía noticias de él.
Él tenía un atosigamiento especial de señales que le apuntaban hacia mí y me
buscaba… y luego volvía a desaparecer cuando veía que no podía gestionar todo
aquello, cuando veía mi inestabilidad emocional cuando aparecía, y cuando
sentía que todo aquello no podría nunca quedar en una simplona historia de instituto. Muchas
veces yo le inspiraba, vivía momentos conmigo en su mente de los que yo nunca
he sido consciente, pero sin embargo sé que existieron. Él me buscaba en aquel
rincón de su corazón y su mente donde me guardó para venir a verme y refugiarse
conmigo del mundo que no comprendía y del que quería huir conmigo a cualquier otra parte.
En realidad, aunque yo hubiera sido atacada por El Plan con su
presencia, tampoco podía haber hecho nada. Una de las características del
comienzo de nuestra historia, era que el acceso del uno al otro era
unidireccional: de él a mí. Yo no podía encontrarle aunque quisiera, sin
embargo yo tenía todos mis accesos abiertos por si él quería buscarme... Así comenzaron las reglas del juego que, mal que bien, los 2 conocíamos.
Recuerdo
aquellas apariciones y desapariciones como ráfagas de sentimientos de todo
tipo… ilusión, atracción como un imán, necesidad de él, incomodidad, agresión mental,
momentos forzados, extraños encuentros sexuales, distancia, mucha distancia,
agitación mental, atrape, negación, ganas de echarle pero sin poder articular
palabra, pérdida absoluta de mi voluntad… Seguramente a él le pasaría algo
parecido, aunque es una época de la que siempre nos ha costado mucho hablar…
fue una especie de periodo de entreguerras que quizás nos marcó demasiado.
En nuestra primera coincidencia de esta vida, él se escondía de su vida en todos los
sentidos, y en consecuencia de mí. Me mintió en todos los datos respecto a él, procedencia, su cara, su cuerpo e incluso su nombre… tonterías que no me unían a él pero que sí me separó de él sentir que me estaba engañando, ya que yo no entendía el
motivo, ya que esos datos solo eran información para la mente, pero nada que
condicionara nuestro vínculo. No tenía ningún sentido salvo ese… era una época
en su vida en que se ocultaba de todo… solo que yo pensaba que no me incluía a mí, pensaba que yo era la
excepción.
Años más tarde, y tras el bombardeo al que había sido sometido
con mi nombre, alguna parte de él comprendió que no debía ocultarse más de nada
ni de nadie, se puso de su parte. Empezó a adelgazar, empezó a salir poco a
poco de su escondite y de repente quiso buscarme de nuevo para integrarme
en su vida, esta vez con toda la verdad y sin condiciones, esta vez para
siempre.
¿Adivináis? Esta vez era yo la que me estaba ocultando. Durante
los años que habíamos estado dormidos, me pasaron cosas, muchas cosas que hoy
me han hecho aprender pero en su momento me hicieron comenzar a ocultarme.
Cambió mi cara, mi cuerpo y mi interior. Me oculté en un cuerpo y una forma de
actuar que no eran la mía, pero a pesar de ello él sabía verme, sabía mirarme y
sabía que yo estaba ahí dentro aunque a veces quisiera disimularlo.
En aquel momento ya estaba terminando el año 2009. Imaginaos,
durante los 9 años anteriores habíamos tenido un millón de vivencias separados,
experiencias que arrastrábamos, algunas que habíamos superado, y otras muchas
que aún teníamos incorporadas en nuestros cuerpos y que aún nos acompañaban.
Coincidencias de la vida, los últimos 6 años los dos habíamos mantenido una
relación estable con otra persona y precisamente la misma semana de noviembre,
nuestras parejas decidieron romper con nosotros… qué casualidad, ¿verdad?
Todo esto hizo que algo dentro de él despertara y le gritara que
ahora sí era nuestro momento, así que, como hizo muchas veces más durante los
años anteriores, me buscó y llegó a mí. La diferencia con otras veces es que esta vez yo lo recibí
de otra forma. Ya no tenía tantas ráfagas de sentimientos como otras veces, fue
una aparición tan inesperada que me dejó fuera de juego y sin el guión a mano
para mirar que frases debía utilizar. Empezaba a vivir esto desde la adulta (o
al menos desde la menos niña) que ahora era, sin tanta trascendencia y
disfrutando de lo que empezábamos a dibujar, a pesar de ser precario.
A él le daba igual todo, que las circunstancias hubieran cambiado, que nuestras formas fueran distintas… todo. Él sabía que yo era Ella y quería apostar por nosotros, por tenernos en frente, por destapar la caja y ver qué había dentro. Quería confirmar lo que tantos años había bombardeado su cabeza, quería vivir aquello que se había negado siempre, quería abrirse a vivir lo que habíamos firmado cuando aún sólo éramos una consciencia conjunta.
La sorpresa del nuevo Él, del Él que yo siempre había percibido
que existía con menos miedo y con más verdad, apareció y quiso hacer las cosas
bien, o al menos ese fue todo su empeño desde el principio. Contarme la verdad,
entregarse, abrir sus accesos a mí y darme las posibilidad de poder buscarle
yo.
Este “regalo del destino” hubo momentos que me tuvo un poco en
guardia. ¿Ahora sí? Como Él lo había decidido yo tenía que seguirle el ritmo,
otra vez con sus condiciones (aunque al menos ahora eran más reales y más adaptadas a lo que yo siempre había querido). Me
sentí un poco a su servicio, como si yo fuera un objeto que se coge o deja a
capricho; pero dentro de mí sabía que en Él había algo que yo tenía que
descubrir y que aunque me hubiera gustado que las cosas hubieran sido más
igualitarias, estaba viviendo una oportunidad que no podía desaprovechar, porque sabía que era ÚNICA.
Siendo honestos, seguramente los años anteriores no hubiéramos estado preparados para vivir todo esto y siempre le he estado agradecida por ese ultimátum, ese "ahora o nunca" que como mínimo me salvó aquella navidad.
Siendo honestos, seguramente los años anteriores no hubiéramos estado preparados para vivir todo esto y siempre le he estado agradecida por ese ultimátum, ese "ahora o nunca" que como mínimo me salvó aquella navidad.
Todo ocurrió en dos meses. Los dos pasamos que tener una vida
escrita y firmada con otras personas, a reencontrarnos, reestructurar nuestra relación,
mirarnos a los ojos por primera vez y compartir la misma cama y el mismo sueño.
Aún recuerdo la primera vez que nos escuchamos y se nos hizo
de día. Teníamos la sensación de que si colgábamos, nos perderíamos, que nunca se repetiría. Esa
sensación estuvo marcada en toda la relación, desde sus comienzos en el año 2000, o eones antes, hasta el final de nuestros días. Siempre pensamos que estábamos pendientes de un hilo y con
la sensación de que cualquier pequeño temblor del libre albedrío nos separaría como siempre nos había pasado.
Teníamos tanto miedo de que no fuera así, de que al final no nos
separásemos y tuviéramos que vivirlo y ser felices juntos que nos pasamos la
vida mirando a nuestro alrededor a ver si algo había cambiado; a ver si había
alguna escusa a la que agarrarnos para no vivirlo o alguna persona que lo
interrumpiera todo… o al menos eso siento en mi versión. Nos pesaban demasiado
las experiencias que habíamos tenido tanto juntos como separados, nos pesaba la responsabilidad de nuestras vidas y la irresponsabilidad de nosotros mismos. En el fondo no nos creíamos que eso pudiese ser real. Y como no nos lo queríamos creer, no nos lo creímos...
No vivíamos, ni vivimos, en la misma ciudad. Nos separaban más de
300km, pero nunca estuvimos lejos. Pensábamos en el otro todas las horas que
pasábamos despiertos. Nos dedicábamos mails larguísimos, llamadas nocturnas
eternas, canciones, regalos, mensajes de texto madrugadores, calendarios,
plannings de viaje y cualquier cosa que inventásemos y que pudiera unirnos.
Era como si quisiéramos ser los guardianes de todas las vías y accesos que nos unían. Sentíamos que al unir todas esas vías con imperdibles, sería más difícil el hundimiento. Creíamos necesitar una estrategia, un plan paralelo Al Plan. Algo más acorde al esquema mental que nos habíamos hecho durante años. Un Plan con fecha de caducidad temprana y casi fijada en uno de nuestros calendarios, o eso siento en mi versión.
Era como si quisiéramos ser los guardianes de todas las vías y accesos que nos unían. Sentíamos que al unir todas esas vías con imperdibles, sería más difícil el hundimiento. Creíamos necesitar una estrategia, un plan paralelo Al Plan. Algo más acorde al esquema mental que nos habíamos hecho durante años. Un Plan con fecha de caducidad temprana y casi fijada en uno de nuestros calendarios, o eso siento en mi versión.
Estuvimos marcados por el ansia de vivir el máximo de cosas
posibles en un corto período de tiempo, ya que vivíamos nuestra relación como
un despiste que el Plan Divino había tenido y que en cuanto se dieran cuenta
nos encerrarían en castillos separados con vidas separadas y sin wifi para
buscarnos. Más que una relación, parecía una misión secreta, y en parte así podía parecer ser.
A pesar de que Él ya no se escondía tanto de mí, había partes que
aún escondía a los demás. Supongo que le faltaban palabras para explicarle al
mundo lo que vivíamos, qué era, adónde iba y si merecía la pena. A mí me costaba un poco menos traducirlo en palabras, o al menos me daba menos miedo equivocarme en mi traducción. Así que sumado
a las dificultades que ya ponían nuestras laberínticas mentes, estaba la
ocultación a su familia y amigos, los juicios de tooooda la gente de mi entorno y los intentos de mi exnovio de volver
conmigo cada semana.
Teníamos mucho miedo… miedo a esto, miedo a la inestabilidad
emocional, a separarnos del camino que ya conocíamos que nos habíamos
convencido de vivir, miles de motivos que nos convencían para separarnos y para hacer parones de vez en cuando en esta historia, teníamos miedo al miedo y a una inestabilidad crónica.
Todo esta escena kafkiana duró 4 meses de forma estable, y un año
más de forma intermitente. Intensos. Muy intensos. Y a parte de todas las cosas negativas que nos hacían dudar y desgarraban nuestro alma, también hubo vivencias llenas de amor, de plenitud, de
complicidad, de momentos mágicos e irrepetibles, de CONEXIÓN PROFUNDA, llenas de experiencias que
ambos sabemos que no se podrán repetir con nadie más que no seamos nosotros. Sacralizamos el sexo de forma natural, ya que era lo que más libres nos hacía. Encarnábamos
nuestro instinto, dejando a un lado nuestra mente. Solo hablaba nuestro
corazón, nuestro Ser y nuestro anclaje a tierra; era realmente alquimia
corporal. Eran los momentos en que más claro teníamos que él era Él y que yo
era Ella. Lo sabíamos y nos repetíamos durante meses mirándonos a los ojos o
simplemente reflexionando en la distancia: ERES TÚ.
Y esa frase no tenía ni una simple traducción, era más bien un
entramado de sentimientos, energías, sensaciones que no tenían traducción en la
tierra pero que nos recordaba nuestro Yo Soy, que era lo que más nos unía el
uno al otro y lo que más miedo nos daba… Ser Nosotros.
... continuará



No hay comentarios:
Publicar un comentario