Como cuando un ángel recibe sus alas. Las recibe con gran
ilusión, abrumado por recibir algo con lo que siempre había soñado. Sin
embargo, al verlas… enormes alas blancas tupidas que todo lo cubren… se siente
incapaz de poder llevarlas, se siente pequeño a su lado, siente que tanto peso
le impedirá volar y disfrutar de su viaje.
Al ponérselas por primera vez, no se maneja, se revuelve y
el miedo le invade y le impide ver el brillo que sus grandes alas desprenden,
la magia que sus alas tienen preparado para él. Poco a poco, tras asumir que
está a punto de cumplir uno de sus sueños y eliminando los miedos a fallar como
ángel, vuelve a ponerse sus alas y esta vez las hace suyas. Ahora se siente por
primera vez dueño de ellas y las ajusta y las adapta a sus necesidades, se
funde con ellas y se sienten uno.
Pierde todo el miedo y ahora solo queda el orgullo, la emoción
de saber que han confiado en él y que han decidido que merece estas alas, para
volar alto y para proteger a todo el que necesite su apoyo incondicional.
Ahora el ángel se prepara para emprender su primer vuelo.
Aunque más o menos tiene claro su destino, sabe que El Plan siempre tiene
preparadas sorpresas, y las espera con ilusión y confianza; sabiendo que tiene
las alas y el apoyo de todos los que han confiando en él, teniendo la protección
de otros ángeles que sobrevuelan encima de él y que siempre le van a acompañar.
Así me siento yo, emprendiendo el camino hacia mi encarnación
y tomando la difícil decisión de qué llevar en la mochila, de cómo ponérmela para sentirme bien con ella, de qué necesidades básicas
tengo, pues es necesario llevar únicamente lo imprescindible y eliminar todos
los lastres que te impidan avanzar bien en tu camino. Todas las limitaciones
las pones tú y todo el peso lo decides tú, eres dueño de tu mochila al igual
que de las limitaciones que metes en ella.
Igual que en los registros akáshicos la parte más difícil es
elegir las preguntas, en el camino, la parte más difícil es tomar las
decisiones en consciencia de todo lo que se lleva en la mochila. Qué se queda aquí para volver a por ello en unos días o de qué me desprendo para siempre, siendo siempre y nunca términos que nunca estuvieron en mi vocabulario habitual. Cada uno de los elementos que forman la mochila que me acompañará durante los próximos 8 días en el Camino de Santiago (concretamente el camino portugués), son aspectos de mi vida que me llevo, con los que trabajaré, por los que preguntaré cada día abriéndome a la energía del Akasha y los cuales volverán integrados en mí. Después solo
hay que caminar y escuchar las respuestas, asimilarlas en cada uno de sus
pasos, cada una de sus palabras y dejar fluir las emociones… tanto si surje
llorar, como si surge reir, sin juicios; tan solo permitiéndote vivir el
camino, tan solo permitiéndote que el camino te viva a ti y seais un único
elemento, la tierra que bajo tus pies va sirviéndote de guía, va estando a tu
servicio para ayudarte a eliminar todo el peso de tu vida que tantas limitaciones
te está causando. Nos abrimos a dejarnos ser ayudados por la tierra, a abrirnos
a la magia de que ella sabe lo que nos sobra y dar el permiso, sin miedo a nuestras
alas, pues siempre fueron nuestras aunque no las tuviéramos por no estar
preparados para volar.
Buen camino. Buen vuelo
