viernes, 29 de junio de 2012

:: Elegir bien el camino ::

Con mis gafas de sol rojas, mientras me da el aire templado en la cara y veo todo Madrid desde mi ático. Así es cómo me dispongo a ver todos los caminos que se están activando.

Hace poco alguien me comentó algo sobre El Plan... ese Plan divino que muchas veces dudamos que exista y otras rezamos por que nos sea desvelado y podamos entregarnos a él, de modo que no tengamos que sufrir las resistencias que nos impone la decisión. L. Rowena me comentó que El Plan era sólo uno pero que tenía trazado alrededor  miles y miles de caminos de todos los colores para que llegar a él fuera más sencillo y fuera del modo en que nosotros con nuestro libre albedrío escogiéramos. En ese momento, no comprendí del todo lo que ella me quiso decir, pero poco a poco fui leyendo todos los matices que tenían sus palabras y en todas las direcciones que sus palabras se expandían.

Desde entonces, y desde muchos meses antes con un poco menos de conciencia, me dispongo a seguir el camino que siento, sin trazarlo primero. Durante toda mi vida he seguido un plan, mi plan, el cual por supuesto siempre he pensado que era mejor que El Plan. Siempre he controlado y previsto cada paso de mi camino, hacia donde me quería dirigir y qué debía hacer para llegar. Tenía muy definido el qué y el cómo. No había fisuras, tenía planes perfectamente diseñados para los próximos 20 años. Me creía toda una profesional de saber qué quería y cómo podría conseguirlo... JÁ!

Un maravilloso día, aunque ya llevaba un tiempo sospechándolo, vi que mis planes no se podían seguir del todo. Se me había olvidado el pequeño detalle de que existían las decisiones y planes de los demás... Toda mi teoría y mis plannings se me vinieron abajo. Fue el momento más liberador de mi vida.

Desde ese momento, me siento totalmente libre. Fluyo por el camino sin apenas verlo trazado sutilmente. Simplemente camino cada día, sin estrategias, sin expectativas, libre del cómo y solo teniendo claro el qué: ser fiel a mí misma, a lo que conozco y a lo que no conozco de mí.

Todo esto, que puede parecer muy hippie o irreal y utópico, es lo que llevo haciendo desde hace 7 meses. Tengo que decir que los resultados económicos no distan mucho de cuando tenía todo atado y, sin embargo, mi bienestar emocional es muchísimo más independiente de todo, porque solo dependen de mí y mi proceso.

Según hablo con la gente que quiero, o que no quiero tanto pero con quien interactúo mucho, veo que todos están teniendo despertares parecidos al mío. Encuentro gente que está buscando caminos, colores que le conecten a algo que le llene pero sin dejar atrás sus preferencias y elecciones; fórmulas y fórmulas de su felicidad que están formadas de constantes que deben permanecer y variables de las que se deben desapegar, y a veces es lo que más cuesta identificar. Buscan, como en el experimento 6 grados, esos pasos que les conecten con su qué, para poder descartar las cosas o personas que no estén entre esos 6 pasos.

Hay otras personas que están en un momento en que la vida misma les está girando para que encuentre algún camino, ¡el que sea! pues parecen estar totalmente descarriados, o visto de otra forma... están viviendo la oportunidad de su vida, la oportunidad de cambiar todo y renacer a lo que realmente quieren. Yo me pregunto si esas personas realmente aprovecharán la oportunidad o se dejarán llevar por la inercia de lo que era su vida hasta ahora. En cualquiera de los casos, será uno de los miles de caminos de colores trazados a su alrededor.

En otros casos, estoy viviendo las consecuencias de alguno de los nuevos caminos que han escogido alguno de mis amigos. Procesos internos complicados e incluso podría denominarles de casi antisocial. En medio de ese proceso, él me preguntaba si estaría haciendo o no lo correcto, si cuando saliera de ese proceso aún quedaría alguien esperándole. Esa pregunta me la he hecho mil veces, y estoy segura de que vosotr@s también... ¿Qué consecuencias tendrá todo esto luego? ¿Qué pasará cuando se me pase la rabieta?

Está claro que la respuesta solo se conoce viviéndolo, sin tener miedo y únicamente preguntándonos: ¿realmente esto es lo QUE quiero? ¿Este proceso es el QUE siento que necesito? ¿o es una reacción de mi cuerpo al miedo que siento dentro de estar realmente sol@, de equivocarme...?

Para mí, la respuesta a las 2 primeras preguntas lleva siendo un SÍ rotundo desde hace muchos meses. El camino está siendo absolutamente nuevo y enriquecedor y mis bases la confianza y el poder mirarme en el espejo reconociéndome.

Todos los caminos son correctos y nos llevan a lo mismo, o eso es lo que siento en este momento de mi vida; sólo tenemos que aceptar nuestras elecciones sin miedo al coste de oportunidad y seguir caminando en la dirección que escojamos, pues ese es seguro nuestro Plan.

Nos encontremos en él o no, ¡buen Camino!

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