La historia de las canciones bonitas
Es mucha responsabilidad acabar esto, darle un final, cerrarlo.
Hay muchas microhistorias dentro de estas que se han quedado sin contar, muchos detalles, muchos sentimientos... pero a veces no es necesario explicar intensidades traducidas en anécdotas.
Quise escribir esto para liberarlo, para liberarme, reescribir el final y quedarme en paz interna con ello.
Ahora hace apróximadamente un año que no tenemos contacto activo. Las cosas evidentemente han cambiado para ambos, yo siento todo más frío, con mucha menos intensidad, pero sigue habiendo una pequeña (PEQUEÑA) parte de mí, y sobretodo de mi inconsciente, enganchada a esa sensación, a esa plenitud que sentía al compartir con él cualquier cosa.
No era nuestra forma de ser lo que nos unía, de hecho
muchas veces hasta nos ha separado. No son todas las cosas en común que tenemos
ni nuestra forma de entender la vida. Es el lazo transparente que sabemos que
nos une el uno al otro y que, como es algo irrepetible y privilegiado, hace
que solo los dos sepamos lo que se siente, sepamos lo que siente el otro en
cada momento, sepamos a que huele el aire que respira y que canción es la que
más ha escuchado esa semana (con nuestros pequeños márgenes de error, claro).
Esa magia fue perdiendo intensidad y acierto, fue yéndose pero dejando un pequeño rastro, que es lo que quería que desapareciese.
Creo que es la parte que a veces duda de si fue real. La parte que busca en Google test de adicción emocional para ver si es alguna enfermedad y que encima se da cuenta de que todos los test salen negativo porque lo que vivieron era otra cosa... Entonces, ¿qué fue aquello? ¿Qué es ese rastro que aún permanece recurrentemente?
Siempre he pensado que ese enganche es porque mi mente no ha registrado que ha terminado, porque nunca se dejó morir del todo y siempre se interrumpió quedando vínculos importantes.
Este es el final que le voy a dar y que me permito vivir en mi historia:
Mantuve el tipo bastante bien, volviendo a fingir normalidad ante los demás pero sabiendo que el lazo seguía tirando de mí. Y siguiendo viéndome literalmente con él durante los sueños.
Pero cuando menos lo esperaba, otra excusa nos hizo encontrarnos. Fue otra casualidad organizada, esta vez con mayor conciencia de ello.
Un día, harta de esta situación y no resolución interna me decidí a escribirle y ser sincera conmigo misma y con él, en un enésimo intento de cerrar esto con paz. No sé cómo lo logramos pero conseguimos vernos y pasar un par de días juntos. Hablamos, nos quitamos las ganas de todo lo que habíamos echado de menos, pensamos mil hipótesis y planes de acción para que esa historia pudiera tener una oportunidad, aunque sea a largo plazo. Como en otras ocasiones, no se nos ocurría nada que no hubiéramos hecho anteriormente.
Compatimos canciones, besos, miradas... y ya a penas quedaba nada. Estaba todo lleno de otras cosas y vacío de lo que buscábamos. Echábamos de menos nuestras sensaciones del pasado pero ya no estaban tan vivas, solo estaba el ansía porque volvieran.
Nos seguía costando el mínimo esfuerzo pasar de 0 a 100 el uno con el otro, en lo bueno y en lo malo. Juntos todo se magnificaba y es lo que nos daba la fuerza, despertaba nuestra adrenalina para seguir adelante con todo aquello sin pensar demasiado.
Nos seguía costando el mínimo esfuerzo pasar de 0 a 100 el uno con el otro, en lo bueno y en lo malo. Juntos todo se magnificaba y es lo que nos daba la fuerza, despertaba nuestra adrenalina para seguir adelante con todo aquello sin pensar demasiado.
Aún así, no queríamos seguir siendo presos de ese pequeño resquicio de amor, así que apostamos y nos lanzamos cual kamikaces. Él le explicó la situación a su pareja y ella le dijo que se tomara tiempo para poner este asunto en orden, que resolviera sus dudas. Ella tampoco podía vivir con mi fantasma rondando por la cabeza de ambos y le dejó ir. Le dijo que se fuera conmigo y resolviera sus dudas, fuera sincero consigo mismo y fuera feliz... y que si volvía, que fuera al 100% y para siempre, de verdad.
Así que ambos libres de nuevo, nos integramos los dos en la vida del otro, esta vez de verdad con todas las guerras familiares que aquello suponía para ambos, pero era nuestra verdad y teníamos que asumirla por fin y resolver todo aquello.
Así que ambos libres de nuevo, nos integramos los dos en la vida del otro, esta vez de verdad con todas las guerras familiares que aquello suponía para ambos, pero era nuestra verdad y teníamos que asumirla por fin y resolver todo aquello.
Nos acompañamos en ese durísimo trámite y nos fuimos dando cuenta de que todo estaba tan sucio que era difícil hasta caminar. Fueron 2 meses intensos, de mucho lío interno y externo, mucha culpabilidad y dolor por parte de ambos... veíamos como nuestros mundos se caían SÓlO por esto y era muy duro ser los protagonistas... Era impresionante como una relación entre dos personas podía ser tan destructiva para todo el entorno. El efecto dominó era tal que casi pensábamos que acabaríamos con los dinosaurios de nuevo.
Yo me negaba a que aquello estuviera pasando. ¿por qué? No entendía porqué aquello era tan destructivo y doloroso para todos, fue una sensación de falta de libertad tremenda. Se repitieron escenas y sentimientos de mucho tiempo atrás cuando lo intentamos y todos los fantasmas volvieron con más fuerza.
Después de los tormentos, el entorno se calmó y nosotros también. Las cosas se iban ordenando, todo volvía a estar estable y todos parecían aceptar nuestro proyecto de vida. Nosotros seguíamos disfrutando el uno del otro, sintiendo el mismo cariño y teniendo el mismo vínculo pero llegaban muchos momentos en los que yo me sentía obligada a aquella situación. Era como si ahora que habíamos apostado todo y tirado nuestras vidas por la ventana, estuviéramos obligados a estar juntos para siempre. Aunque en parte esa era la idea voluntariamente, los días pasaban e iban pesando. Empecé a soñar con otro hombre, alguien que ya había visto en otros sueños o ensoñaciones, volvía a pensar en el hombre con el que me había visto muchas veces en el futuro hipotético. Eso me generaba dudas... Y si estaba perdiendo el tiempo de estar con esa persona...
ÉL echaba de menos a su ex, pero le compensaba nuestra apuesta y no lo pensaba demasiado, pero yo por el contrario si pensaba en esa vida que sí quería tener, que sí quería vivir y que no era con él.
Mientras todo se asentaba disfrutamos infinitos planes como si el mundo fuese a acabar al día siguiente, como siempre lo habíamos vivido... con prisa e intensidad. Conseguimos estar totalmente integrados y en orden con nuestras vidas, todo parecía ser como siempre debió ser.
Yo sonreía, pero mis ojos no. Vivíamos juntos en su casa y la convivencia también era divertida y fluída. El sexo para nosotros nunca fue un problema, así que supimos valorar lo que estuvimos años sin disfrutar con esa intensidad y realidad cósmica.
Tardamos muy poco en acostumbrarnos el uno al otro. No era una rutina, pero sí una aceptación de que nuestras vidas serían así, se quedarían así.
Una noche cualquiera en nuestra casa, le miré a los ojos y sabía que se había terminado. Ya no le miraba igual, la admiración y la magia habían desaparecido. Sabía que Él estaba apostando todo por mí y que no cambiaría nunca sus cartas por cualquier otra opción que la vida le pusiera delante, aunque había una sombra de tristeza y añoranza en su mirada que mostraban sus pequeñas dudas por la vida que había dejado atrás.
Al descubrir que mis sentimientos habían cambiado no supe muy bien qué hacer ni cómo gestionarlo. Después de todo, al final nuestra historia solo hubiera durado 5 minutos más de lo que hubiera durado si la hubiéramos terminado en su momento? Era muy fuerte asumir eso así que dejé pasar un poco el tiempo y dejé que se asentasen las cosas.
No puedo decir que no fuéramos felices, pero creo que los dos sabíamos que aquello no estaba escrito, que estábamos forzando algo que nos hacía felices pero de forma estanca, sin vida.
En una de mis visitas a Madrid, coincidí con alguien, conocí a alguien con quien el aire olía y se movía diferente. Conocí a alguien que hacía que el tiempo se parase entre risas eternas y taquicardias de pureza. Se trataba de aquel hombre con el que yo a veces soñaba o en el que pensaba. Ahí estaba... había llegado a mi vida.
Todo aquello llenó mi cuerpo de vida renovada, de oportunidades, de alegría, riqueza, amor... llenó mi cuerpo y mi vida de todo, PERO yo ya estaba con quien siempre había querido estar... no?
Volví a casa confusa pero feliz. Temía terminar la relación con él y que no supiéramos gestionar la ruptura, pero lo decidí, le dejé.
Jamás pensé que hubiera nada más fuerte que lo que ya había vivido, pero mi nuevo ÉL encajó en mi corazón desde la primera mirada, sin esfuerzo, sin sacrificio, simplemente nuestras naturalezas se habían creado para estar juntos.
Lo que siempre se nos dio mejor y peor era hablar de cosas serias, así que puses las cartas encima de la mesa y le conté cómo me sentía. Le agradecí, le besé, le amé, le expliqué, hice todo lo que ambos necesitábamos para asumir lo que nos estaba pasando. Me dolía muchísimo irme, dejarle, dejar pasar lo que pensaba que me daba la felicidad... pero ahora tenía un lazo que tiraba de mí más fuertemente y de forma natural... Había algo que me hacía no poder evitar apostar, con miedo como siempre, pero con decisión por creer en ello.
A pesar de la distancia, seguimos mantiendo el contacto, nos veíamos, compartíamos cosas, viajábamos, hablábamos, aunque poco a poco eso se iba distanciando en el tiempo porque nuestras vidas estaban más ocupadas.
Nuestra relación se normalizó, estábamos en el lugar que siempre estuvimos, en la distancia que siempre existió pero mucho mejor repartida. Él volvió con su ex, convirtiéndola en su ELLA y yo seguí con mi ÉL, quien me había hecho esperar para poder disfrutar de la mejor y más duradera experiencia de mi vida, para poder pasar el resto de mi vida a su lado y feliz como el primer día.
Ambos nos alegrábamos por el otro y conseguimos incluso algún encuentro a 4 que no fue del todo mal. Nuestra nueva amistad se desarrolló con la normalidad de cualquier relación de amistad profunda pero separada por varias fronteras. Nos alegrábamos cuando sabíamos del otro, pero ya no había truco ni magia, había humanidad, cariño, amor y buenos deseeos. Todo eso llenó todo el espacio y se disparon absolutamente todas las dudas.
Y así fue nuestro final, sin terminar y con un eterno regalo.
Después de los tormentos, el entorno se calmó y nosotros también. Las cosas se iban ordenando, todo volvía a estar estable y todos parecían aceptar nuestro proyecto de vida. Nosotros seguíamos disfrutando el uno del otro, sintiendo el mismo cariño y teniendo el mismo vínculo pero llegaban muchos momentos en los que yo me sentía obligada a aquella situación. Era como si ahora que habíamos apostado todo y tirado nuestras vidas por la ventana, estuviéramos obligados a estar juntos para siempre. Aunque en parte esa era la idea voluntariamente, los días pasaban e iban pesando. Empecé a soñar con otro hombre, alguien que ya había visto en otros sueños o ensoñaciones, volvía a pensar en el hombre con el que me había visto muchas veces en el futuro hipotético. Eso me generaba dudas... Y si estaba perdiendo el tiempo de estar con esa persona...
ÉL echaba de menos a su ex, pero le compensaba nuestra apuesta y no lo pensaba demasiado, pero yo por el contrario si pensaba en esa vida que sí quería tener, que sí quería vivir y que no era con él.
Mientras todo se asentaba disfrutamos infinitos planes como si el mundo fuese a acabar al día siguiente, como siempre lo habíamos vivido... con prisa e intensidad. Conseguimos estar totalmente integrados y en orden con nuestras vidas, todo parecía ser como siempre debió ser.
Yo sonreía, pero mis ojos no. Vivíamos juntos en su casa y la convivencia también era divertida y fluída. El sexo para nosotros nunca fue un problema, así que supimos valorar lo que estuvimos años sin disfrutar con esa intensidad y realidad cósmica.
Tardamos muy poco en acostumbrarnos el uno al otro. No era una rutina, pero sí una aceptación de que nuestras vidas serían así, se quedarían así.
Una noche cualquiera en nuestra casa, le miré a los ojos y sabía que se había terminado. Ya no le miraba igual, la admiración y la magia habían desaparecido. Sabía que Él estaba apostando todo por mí y que no cambiaría nunca sus cartas por cualquier otra opción que la vida le pusiera delante, aunque había una sombra de tristeza y añoranza en su mirada que mostraban sus pequeñas dudas por la vida que había dejado atrás.
Al descubrir que mis sentimientos habían cambiado no supe muy bien qué hacer ni cómo gestionarlo. Después de todo, al final nuestra historia solo hubiera durado 5 minutos más de lo que hubiera durado si la hubiéramos terminado en su momento? Era muy fuerte asumir eso así que dejé pasar un poco el tiempo y dejé que se asentasen las cosas.
No puedo decir que no fuéramos felices, pero creo que los dos sabíamos que aquello no estaba escrito, que estábamos forzando algo que nos hacía felices pero de forma estanca, sin vida.
En una de mis visitas a Madrid, coincidí con alguien, conocí a alguien con quien el aire olía y se movía diferente. Conocí a alguien que hacía que el tiempo se parase entre risas eternas y taquicardias de pureza. Se trataba de aquel hombre con el que yo a veces soñaba o en el que pensaba. Ahí estaba... había llegado a mi vida.
Todo aquello llenó mi cuerpo de vida renovada, de oportunidades, de alegría, riqueza, amor... llenó mi cuerpo y mi vida de todo, PERO yo ya estaba con quien siempre había querido estar... no?
Volví a casa confusa pero feliz. Temía terminar la relación con él y que no supiéramos gestionar la ruptura, pero lo decidí, le dejé.
Jamás pensé que hubiera nada más fuerte que lo que ya había vivido, pero mi nuevo ÉL encajó en mi corazón desde la primera mirada, sin esfuerzo, sin sacrificio, simplemente nuestras naturalezas se habían creado para estar juntos.
Lo que siempre se nos dio mejor y peor era hablar de cosas serias, así que puses las cartas encima de la mesa y le conté cómo me sentía. Le agradecí, le besé, le amé, le expliqué, hice todo lo que ambos necesitábamos para asumir lo que nos estaba pasando. Me dolía muchísimo irme, dejarle, dejar pasar lo que pensaba que me daba la felicidad... pero ahora tenía un lazo que tiraba de mí más fuertemente y de forma natural... Había algo que me hacía no poder evitar apostar, con miedo como siempre, pero con decisión por creer en ello.
A pesar de la distancia, seguimos mantiendo el contacto, nos veíamos, compartíamos cosas, viajábamos, hablábamos, aunque poco a poco eso se iba distanciando en el tiempo porque nuestras vidas estaban más ocupadas.
Nuestra relación se normalizó, estábamos en el lugar que siempre estuvimos, en la distancia que siempre existió pero mucho mejor repartida. Él volvió con su ex, convirtiéndola en su ELLA y yo seguí con mi ÉL, quien me había hecho esperar para poder disfrutar de la mejor y más duradera experiencia de mi vida, para poder pasar el resto de mi vida a su lado y feliz como el primer día. Ambos nos alegrábamos por el otro y conseguimos incluso algún encuentro a 4 que no fue del todo mal. Nuestra nueva amistad se desarrolló con la normalidad de cualquier relación de amistad profunda pero separada por varias fronteras. Nos alegrábamos cuando sabíamos del otro, pero ya no había truco ni magia, había humanidad, cariño, amor y buenos deseeos. Todo eso llenó todo el espacio y se disparon absolutamente todas las dudas.
Y así fue nuestro final, sin terminar y con un eterno regalo.
--
Vale, vale, todo está muy bien pero eh! tengo información actualizada.
Dispuesta a terminar este post a medias casi olvidado, semanas después releo todo esto y alucino porque hay cosas que han ocurrido tal cual las escribí, y otras las acabo de reescribir con el hilo del final feliz. Con más datos y nueva y actualizada información, puedo llenarme del valor para terminar este eterno epílogo.
Actualizo la historia desde donde hoy lo veo...
Pasaron los meses y como siempre, hubo de todo... pensamientos recurrentes, mono de información y contacto, ganas de olvidarlo todo, buscar pastillas que curasen esta enfermedad. Mantuve el tipo bastante bien, volviendo a fingir normalidad ante los demás pero sabiendo que el lazo seguía tirando de mí. Y siguiendo viéndome, literalmente, con él durante los sueños.
Pero cuando menos lo esperaba, otra excusa nos hizo encontrarnos. Fue otra casualidad organizada, esta vez con mayor conciencia de ello.
Un día, harta de esta situación y no resolución interna me desperté con un pensamiento y busqué en Google (mi máximo aliado en momentos de búsqueda interna). Encontré un artículo en el que por primera vez encontré una frase útil... "Cuando se quedan cosas por decir y no se dicen o resuelven antes de terminar una relación, con el tiempo crecen como fantasmas más y más grandes".
Me decidí a escribirle y ser sincera conmigo misma y con él, en un enésimo intento de cerrar esto con paz. Le pedí explicaciones que ni yo misma sabría volver a pedir, le reclamé la explicación que la vida no me estando dando a este final inacabado.
Después de una larga, intensa y real conversación, parecía que las cosas seguirían el mismo modus operandi que otras veces, nos perderíamos de vista e intentaríamos seguir caminando; esta vez en línea recta y no en círculos concéntricos.
El caso es que Él me buscaba, algo dentro de sí no podía evitar dar pequeños toquecitos, pequeños contactos. Pasaron algunos días en blanco en los que yo caminada recto con una sonrisa, llena de optimismo y con nuevos objetivos vitales. Los sueños con él iban desapareciendo y mi sensación de paz cada vez era más y más grande.
Yo me fui dando cuenta de que éramos normales, más normales de lo que pensábamos y sentíamos. Éramos tan tan normales, que quisimos con todas nuestras fuerzas ser especiales y en eso nos convertimos. Sólo necesitábamos cambiar nuestra percepción.
Por mi parte trabajé la aceptación de que ese iba a ser el final de esta historia inacabada, trabajé la aceptación de que sí habría un final y que sería ese. Despedirnos y aceptar que la historia duró lo que duraron nuestras vivencias juntos, pero que no había otro final que esperar, ya estaba todo hecho, terminado y todo era perfecto.
Le recordaba con amor y pureza, podía sentir el amor profundo por él cada vez que quería y pensaba en esa historia, pero mi sonrisa era la de un recuerdo bonito, algo que me ha traído muchas vivencias, pero que ya pasó. Por fin lo podía archivar, nos habíamos convertido en una ruptura normal, una ruptura que estaba en paz y que se recordaba el uno al otro como una de las mejores historias de amor que habíamos vivido en nuestras existencias.
Y así terminó la historia de esta historia, con la aceptación, el bonito recuerdo y nuestras sonrisas al mirarnos el uno al otro dentro de nuestros viejos corazones recordando el final de nuestra última conversación telefónica...
- Y crees que después de todo lo que hemos pasado, esta historia ha merecido la pena? - le pregunté.
- Lo sabes tú a día de hoy, Ire?
- No...
- Pues ya está... no lo podemos saber.














