"Aunque te diga que no mil veces, aunque te mire a los ojos y te lo niegue, aunque te jure que no te quiero, nunca olvides que será mentira… que siempre, SIEMPRE, te voy a querer. Diga lo que diga y haga lo que haga, siempre Ire."
2011
Curiosamente, a partir del 1 de enero, todo fue
distinto. Mágicamente dejé de llorar, totalmente, sin excepciones. Me hizo un
click.
Por un momento me quité los guantes de boxeo y los cambio por unos
de Tommy Hilfiger. Los metí en un sobre y se los envié a su casa. En ese
momento sólo querían simbolizar nuestro frío invierno juntos y el calor que nos
dábamos el uno al otro, recordar nuestras manos unidas por el mismo camino. Hoy
creo que esos guantes fueron herramientas que le quería recordar, herramientas para
que luchara, protegido, contra la parte de sí mismo que no quería seguir
jugando.
Todo esto lo escribí hace tiempo y realmente lo vuelvo a leer y casi ni me acuerdo, ni tampoco le doy tanto significado. Las cosas se han ido ajustando al ritmo actual.
Pasaron muchas cosas, nos volvimos a ver por "casualidad" y de forma organizada. Pasamos unos días en la sierra de Madrid que yo consideró que fue toda una jornada de reflexión pero de varios días.
Él había estado tonteando unos meses con la inconciencia y ahora tenía dudas de si seguirle dando una oportunidad o no, y vino a mí para aclararse... como si alguna vez no hubiéramos emborronado todo. El caso es que aunque esos días hubo algunos "estoy enamorado de ti" por parte de los dos, los dos sabíamos que esas palabras ya no significaban lo que significaban meses atrás... las cosas habían cambiado, el vínculo se había reinventado y teníamos que pasar página.
Como buena amiga (?) que era de él, le aconsejé que apostara por ella, que se arriesgara. Nunca me han gustado las historias a medias, como la nuestra, así que en coherencia no podía recomendarle que hiciera lo mismo. Le insistí en que apostara por ella. Sí, después de todos los te quiero de esos días de abril. Sí, después de los besos y caricias. Sí, después de los "estoy enamorado de ti". Sí, era la página que los dos necesitábamos pasar.
Mi cerebro y yo de mutuo acuerdo decidimos buscar alguna inconciencia para salir del paso y así llegó él... y otro él... y otro... casi un año de relaciones desintoxicantes, con poco sentimiento y mucho movimiento. Intentando llenar un vacío que yo creía que se llama Manuel, pero no.
El caso es que mis idas y venidas solo me entretenían en los períodos de entre guerras, donde solíamos gritar.
No recuerdo qué pasó después... no sé exactamente cómo fue salvo por las notas que escribí del tirón cuando decidí contar todo esto.
El caso es que apuesto a que repetimos el bucle: desaparición-tanteo-relación. De hecho, me suena que hubo algún detonante en mi cumpleaños (tradiciones...), pero no logro que tenga relevancia como para contarlo.


No hay comentarios:
Publicar un comentario